martes, 17 de julio de 2012

Edvard Munch: El ojo moderno


A la Tate Modern de Londres y a la National Galleries of Scotland a Edimburgo, las proféticas experimentaciónes que el gran maestro noruego hizo a inicios del siglo XX. A la base de lenguajes, técnicas y visiones del nuestro tiempo.
The Girls on the Bridge, 1902 oil on canvas 100 x 102 cm - Private collection  
Pocos artistas modernos son tan conocidos y, sin embargo menos comprendido que el pintor noruego Edvard Munch (Løten, 1863 - Ekely, 1944) fue un artista mucho más moderno que la historia del arte suele recordar. No sólo, por lo tanto, es un innovador en términos de investigación expresiva, sino también un precursor del expresionismo e su inspirador. No es sólo el artista de la intimidad, la soledad y la angustia.

Edvard Munch's House, 53 Am Strom in Warnemünde (1907) Photograph, collodion print on paper 8,9 x 8,9 cm - Munch Museum, Oslo
Munch anticipa al expresionismo, pero sobretodo es una figura clave del novecientos, y la personalidad del artista se muestra increíblemente actual. Anche si para muchos el artista noruego sigue siendo el pintor atormentado del “Grito” y un contemporáneo de Van Gogh y Gauguin, su trayectoria se proyecta bien más allá del simbolismo del ochocientos. No solo la mayor parte de su producción es realizada en el primer decenio del siglo XX, sino que se involucró con la modernidad y se inspiró en la vida cotidiana fuera de su estudio, tales como escenas de la calle y los incidentes reportados en los medios de comunicación, dejándose influenciar por nuevas técnicas y lenguajes como la fotografía, el cine, que habrán un rol central en el arte contemporáneo.

The Sick Child, (1907) Oil on canvas, 118,7 x 121 cm - Tate Modern, London
Sobre estas premisas se desenvuelve la exposición proveniente de la Schirn Kunstalle de Frankfurt a la Tate Modern de Londres “Edvard Munch – The modern eyey organizado en estrecha colaboración con el Centro Pompidou de París y el Museo Munch de Oslo, la muestra cuenta con más de sesenta pinturas, cuidadosamente seleccionadas y fotografías, junto a su menos conocida obra fílmica. La National Galleries of Scotland de Edimburgo presenta en vez, “Edgard Munch – Graphic Works from the Gundersen collection” centrada sobre las litografías y xilografías, para Munch campo de experimentación continua.

Puberty (1894) oil on canvas 151.5 x 110 cm - The Munch Museum, Oslo

A lo largo de su larga carrera Munch nunca dejo de replicar sus propios temas. Conocemos por ejemplo, seis versiones del El niño enfermo (1885-1927), doce versiones de Vampiro (1893-1918), cuatro de la celebre Pubertad,  y también cuatro son los Gritos.  Además encontramos numerosos dibujos, impresiones y esculturas que retoman las obras citadas, como así también otras obras maestras como Niñas en el puente de 1902-27 o La habitación verde.

Vampire (1893) Oil on canvas 80,5 x 100,5 cm Collection Göteborgs konstmuseum, Gothenburg
 Detrás de esta repetición obsesiva, se puede interpretar como una estoica búsqueda del primo shock emotivo que lo llevo a abordar la cuestión específica y de restituir a la emoción visual su naturaleza intacta e inalterada. Pero no sólo. Es también la respuesta a un mundo en el cual el concepto de representación y de imagen está evolucionando en un modo repentino e inesperado. Otros han observado mas prosaicamente que su propensión  a la replica satisfacen las demandas del mercado.

Self-Portrait "à la Marat" at Dr Jacobson's Clinic in Copenhagen (1908-1909) Photograph, gelatin silver print on paper, 81 x 85 mm - Munch Museum, Oslo 
Siempre de frente a una imagen, nos encontramos con una temporalidad, argumenta Georges Didi-Huberman en Devant le temps. Entonces, frente a los colores inusuales de Munch, donde las caras de los sujetos desaparecen en favor de las dinámicas fluctuantes de la pintura o de su composición, es necesario ser capaz de reconocer, entre los detalles posibles de las formas, y los signos de un modernismo en estado embrionario. Esto no significa simplemente decir que Munch era sensible a los experimentos cinematográficos o fotográficos de la época. Significa: recuperar el aspecto fotográfico o fílmico de su obra.
Self-portrait, Between the clock and the bed (1940-43) Oil on canvas. 149,5 x 120,5 cm - The Munch Museum, Oslo
La modernidad de Munch se demuestra por su profundo interés en las nuevas tecnologías, la fotografía, y el cine. Desde el principio, el artista ha experimentado con la cámara fotográfica, compró su primera máquina en 1902 en Berlín, una Kodak pequeña que produjo sobre todo retratos, muchos de ellos realizados durante el período de internamiento en la clínica del Dr. Jacobson, en Copenhague. Hacia fotos con ángulos extraños que luego ha utilizado en sus pinturas. Además de haber hecho una película, ahora restaurada especialmente para la exposición, Munch también se inspiró en el cine para dar a sus cuadros una idea de movimiento, como el caballo al galope o los trabajadores en marcha que parecen querer salir fuera de la pintura. Fascinado por el descubrimiento de los rayos X y de las ondas de radio, comenzó a pintar la transparencia y figuras superpuestas como fantasmas.

Galloping horse, (1910-12) Oil on canvas. 148 x 120 cm - The Munch Museum, Oslo
Incluso la imagen de Munch solitario y aislado del mundo es errada, según Lampe. El artista leía  periódicos y revistas, se mantenía informado sobre los eventos de la ciudad y del mundo y era interesado en temas sociales y políticos. Lo demuestran cuadros inspirados por eventos de crónica, tales como asesinatos, masacres de civiles o disturbios civiles. Una vez, cuando se produjo un incendio en la ciudad, Munch salió con lienzos y pinceles y comenzó a pintar la escena mientras los bomberos seguían tratando de extinguir las llamas.

Two Human Beings. The Lonely Ones (1905) Oil on canvas, 80 x 110 - Private Collection

La exposición en la Tate no tiene por objeto transformar la imagen de Munch como artista de la angustia, pero la enriquece inmensamente presentando aspectos diferentes del hombre. Además para  no distraer la atención de esta nueva perspectiva no se expuso “El Grito”, el cuadro mas famoso de Munch, que en mayo una de sus versiones fue vendida en una subasta en Nueva York a u$s 120 millones. El próximo año el museo de Oslo celebrará el 150 aniversario del nacimiento del artista con la mayor exposición dedicada a Munch

 The Sun (1910-13)  oil on canvas 162 x 205cm - The Oslo University, Oslo


Ashes (1894) Oil on canvas, 120,5 x 141 cm - National Gallery, Oslo


 Weeping Woman (1907) Oil on canvas 121 x 119 cm - The Munch Museum, Oslo


 The Girls on the Bridge (1901) oil on canvas, 136 x 125.5 cm - National Gallery, Oslo


Workers on Their Way Home (1913-15) Oil on canvas, 227 x 201 cm - Munch Museum, Oslo

The Kiss (1897) Oil on Canvas 99 x 81 cm - The Munch Museum, Oslo

Un "Grito" de 120 millones de dolares

Como decía anteriormente una de las obras maestras más representativas del mundo, The Scream (El Grito), en la noche del miércoles 2 de mayo en Nueva York después de más de 10 minutos de tensa puja fue vendido por u$s 119.9m 73.9m), convirtiéndose en la obra de arte más cara jamás vendida en una subasta. La venta batió el récord mundial anterior que pertenecía a Pablo Picasso, Desnudo, hojas verdes y busto (1932) que se vendió en Christie de New York por u$s 106 millones (£ 70 m.) en mayo de 2010. La obra maestra fue puesta en el mercado por Petter Olsen, un hombre de negocios noruego, su padre, Thomas Olsen, era un coleccionista de Munch desde los años veintes  y vecinos de casa a Hvisten, ciudad en la cual, según Peter Olsen en el 2013, con lo recaudado abrirá un museo dedicado a Munch.

The Scream (1895) pastel on cardboard 79 x 59cm – Private collection 
Hay cuatro versiones de El grito, tres de las cuales se encuentran en museos. La versión vendida fue la única que queda en manos privadas y se considera quizás la más codiciada de las cuatro. El cuadro original es del año 1893, la versión en cuestión data del año 1895, y tiene como exclusividad una tonalidad de colores más vivos, con el cielo dominado por el rojo-sangre, el amarillo y, en menor medida el azul, es la única en la que uno de los dos personajes secundarios, al fondo a la izquierda del cuadro, está encorvado sobre si mismo, como contemplando la ciudad al fondo. Así como un marco elegido por el propio Munch donde se muestra un poema del pintor que explica la historia que más tarde inspiraría la obra. El poema dice: “Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza."

 

A finales del siglo XX, El grito adquirió estatus de icono cultural que comenzó en el período post-Segunda Guerra Mundial. En 1961 la revista Time utilizó El grito en la portada de su edición dedicada a los complejos de culpa y a la ansiedad. Entre 1983 y 1984, el artista pop Andy Warhol realizó una serie de estampaciones en seda sobre las obras de Munch, que incluían El grito. La idea fue desacralizar la pintura convirtiéndola en un objeto de reproducción en masa. La reproducción de la obra en toda clase de productos, desde camisetas hasta tazas de cerámica, pósters, llaveros, etcétera da testimonio de su estatus como icono, así como de la completa desacralización para el público actual.

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